martes, 16 de enero de 2018

Procurar





Tu secreto

exactamente ahora
he abierto la puerta
y gritado tu nombre varias veces

pero hoy tampoco nadie
ha respondido a mi llamada

traía tantas cosas que contarte
que me he sentado solo
en el sofá de mimbre de la abuela
ahí frente al chinero
que guarda todavía
la porcelana del día de tu boda
y me he puesto a decírselas
a tu lugar vacío

aunque hablara con lengua equivocada
tú asentías con la benevolencia
y el placer del que ignora
las palabras ajenas que no entiende

pero tú eras la sabiduría
y tu secreto
una efímera calma
sobre el mantel de hilo

me ofrecías café y yo seguía
conversando en silencio con tus ojos
buscaba una respuesta que tardaba en llegar

procura ser feliz con lo que hagas

ya ves la voz elige siempre
el golpe justo
su propio asentamiento

en la carencia
                              en la desposesión

Ángel Campos Pámpano: La vida de otro modo (Poesía 1938-2008). Calambur Editorial, Madrid, 2008

domingo, 31 de diciembre de 2017

Aquello que anhelábamos






Estrellas fugaces

Hay que seguir,
estamos en camino.
Aquella luz nos dio la confianza.
Hay que ignorar la voz que nos advierte
que no hay nada mejor en lontananza.

Y qué más da, seguimos caminando,
cargando de esperanzas el futuro.

Tiempo después, tal vez nos demos cuenta:
Aquello que anhelábamos ya ha sido.


Anay Sala: Ý (turno de réplica)
Ediciones Torremozas, Madrid, 2009


En todo caso, os deseo un feliz y próspero 2018. Que esté lleno de ilusión y esperanza; de salud y alegría; de ternura y pasión; de bondad y optimismo.
Un abrazo a vosotr@s, mis lectores! 🤗😘

martes, 26 de diciembre de 2017

Salir del papel





Invitación

Me gustaría
que me oyeras la voz y yo pudiera
oír la tuya.

Sí, sí, hablo contigo
mirada silenciosa
que recorre estas líneas.

Y repruebas, tal vez, este imposible
deseo de salirse del papel y la tinta.

¿Qué nos diríamos?

No sé, pero siempre mejor
que el conversar a solas
dando vuelta a las frases, a sonidos

(el poner y el sacar paréntesis y al rato
colocarlos de nuevo).

Si tu voz irrumpiera
y quebrara esta misma
línea… ¡Adelante!
Ya te esperaba. Pasa.
Vamos al fondo. Hay algunos frutales.
Ya verás. Entra.

Circe Maia: La pesadora de perlas (2013) 


domingo, 10 de diciembre de 2017

Borrasca



En tardes de borrasca como ésta no es extraño que me invada un ligero desánimo. El viento huracanado arrastra gotas y gotas de lluvia que chocan sin vergüenza contra el cristal. La tarde deviene gris y oscura desde el final de la comida. En las esquinas de la casa el viento bufa, por veces el silbido es inquietante. Sólo apetece estar bajo la manta, tumbada en el sofá, tragando pelis ñoñas y echando de menos otras circunstancias. Y de ahí el desánimo. Porque no hay otras circunstancias. Y cuando las había me aburría estar en tardes de borrasca debajo de la manta, comiendo chocolate o galletas, bebiendo te y viendo pelis ñoñas.

¿Viene el desánimo porque se echa de menos lo que no se tiene o aparece por melancolía de lo perdido? ¿Es la presión atmosférica que me afecta a la cabeza? ¿Por qué quiero llegar a casa y despanzurrarme sola en el sofá sin discutir con nadie por esto o aquello, y por qué a la vez me digo, ya está, tienes lo que deseabas, ahora no digas que no has conseguido lo que anhelabas. No te quejes de estar sola. Aunque llueva, aunque ventee, aunque nadie te rasque la cabeza, ¿qué eres, un perrito?, ni te caliente los pies.

Tengo desánimo porque hemos hablado de los menús de Navidad y me entra una nugalla de padre y señor mío. ¿Otra vez es Navidad? ¡Otra vez hay que planear varios menús, comidas, cenas, hacer lista de la compra...! Otra vez me mirarán como preguntando... ¿Tú qué opinas, qué quieres hacer? ¿Y yo qué voy a sugerir? Sólo de pensar en hacer comidas para tantas personas todos los días ya me desanimo del todo. Dios mío, ¿cómo lo soportan? Ahora que mi madre ya pasa de todo, nos toca al resto prepara las viandas, es un coñazo, porque unos no quieren pescado (y claro, son invitados, hay que mimarlos), los mayores comen blando, los jóvenes no pasan con menudencias, que están en la época de buen saque; carnes grasas son pesadas por la noche, qué horror. Las mujeres no descansamos y después recoger y el lavaplatos no da a basto, pero hay que recoger todo y venga, ahora poned el juego del café, y más platillos, los postres, y después más copas, los chupitos. ¿Alguien quiere un digestivo? Más tarde, a lavar manteles, al menos échale Fairy para que la grasa no se fije y.... por Dios, que se acabe esto ya, quiero silencio y paz. Y he llegado a mi casa, ay Dios, qué alivio, silencio y paz, y me repantingo en el sofá y escucho el viento, qué aburrimiento, que no se salga de casa si no es imprescindible, y venga y dale. Y ya estoy en casa, ya me he puesto cómoda, en chándal y forro polar. Ya estoy con mi manta y el mando de la tele para mí sola. Y entonces ha penetrado el desánimo en mi espíritu como un veneno de decantación. Porque no sé qué me pasa, que las navidades ya están aquí otra vez. Y qué agobio comprar y comprar, y qué ponemos de comida y de cena, y al día siguiente, pues cualquier cosa, no se come cualquier cosa. Y es que claro, no sabéis pero en las mesas gallegas no se pone cualquier cosa, no son de ésas donde la gente, sacando la cena del 24 y la comida del 25, ni se sienta, ni cena, yo una ensaladita, los niños leche. No, no, no. ¿El 23? ¿El 26? Y se me ocurre, pues yo qué sé, fuera de las cenas principales, pues pasta o arroz. ¿En navidad? Me miran como... porque está sola es que come esas cosas; pues filetes, ¿filetes? Pues pescado, sí pero a ellos no les apetece mucho el pescado; pues yo que sé, pasta fría ¿Pasta en navidad? Que me maten pronto, por favor. Entonces pienso en mi vida, si tuviera familia, y suegros y todo eso, seguro que se me ocurrirían comidas y protocolos y todas esas cosas; pero no voy a vivir la vida que no me corresponde; y además no sería la tía enrollada a la que piden regalos divertidos, la tía que saca de cartera porque mira, yo no sé qué hacer, os doy el dinero y arregláis; y me miran como diciendo la jodida ya se está escaqueando, pero es que yo no vivo la vida que no me corresponde. Y entonces pienso otra vez, qué bien viven los tíos, quiero ser hombre, se van al bar a tomar el vermut, el vinito. ¿A qué hora tenemos que estar aquí, cielo? Deben pensar que somos felices quedándonos en la cocina con el pelo grasiento. Cómo echo de menos cuando era lo suficientemente joven para irme con ellos de vinitos al bar y no me tocaba cocina. Ahora, cuando llegan, ya está todo preparado, la mesa puesta, las copas a punto de servirse. Y comen y disfrutan y al acabar se van al sofá y las mujeres venga a desmantelar todo y encima pon buena cara. ¿No te vas a cambiar? Sí, qué ganas, toda la tarde cocinando. Y encima, da gracias al cielo que tienes familia y no te sientes una desgraciada en estas fiestas, porque estar sola en estas fiestas es una mierda, y se echa de menos a todo el mundo. Abuelitos, ya no cantamos villancicos, no nos acordamos. 

Y ya estoy en mi casa, sintiéndome una mierda, porque no cocino, no hago listas de alimentos hipercalóricos y riquísimos, porque sólo soy la tía que saca de cartera. Y me invade el desánimo. Y encima llega una borrasca de nombre Ana, un palíndromo soso y feo. Y no tengo a un tío al que follar en el sofá, bajo la manta. Hay que joderse.

Porque cuando llegue el día que pueda largarme y no pensar en cocinar en navidad, lloraré por las esquinas porque no estarán aquí aquéllos por los que aún amo la navidad. Y no tendré con quién pasar estas fiestas. Y lloraré más. 

Si alguien lo entiende, que me lo explique.

Y que se joda la borrasca.

Uol


lunes, 20 de noviembre de 2017

Humano



Ha vuelto a suceder. Esa voz.

Esa voz atravesando mi carnalidad, alcanzando alguna oscura cueva que me regresa a mi primitivismo. No sé por qué ciertas voces me electrizan la piel, me ablandan los músculos: la dulce lasitud que me atrapa dejándome inerme, suavemente conquistada.

Una voz así en mi oído susurrándome que sólo soy una humana, después de todo. Una voz que me impele a reconocer mis contradicciones, mis incoherencias burdamente ocultas ante mí misma. Ay, qué sensual languidez, qué delicado abandono de los sentidos, arrebatados en un exquisito fluir acuoso, río que me conduce al deseo, al anhelo de un grácil roce.

Como acostumbro, busqué esa voz; necesitaba una vez más poner nombre, cara, a esa vibración de mi alma. Pese a todo, la sorpresa de nuevo no fue inaudita. Un hombre grande y robusto como un tráiler. Un gigante que no respondía a la imagen mental que yo creé. Y sin embargo, no podía ser otro más que él, solamente podía corresponder a alguien como él. Humano. 
Uol 

ÉL: Canción Human de Rag'n' Bone Man.